Artesanos seleccionados para la Feria de Artesanía 2015 de Viana

Ya tenemos seleccionados los 60 artesanos que participarán en la XXVIII edición de la Feria de artesanía Ciudad de Viana, y entre ellos podremos disfrutar de los siguientes oficios o actividades y productos de alimentación:

Alfarería, miel, arte textil, lana natural, bisutería artesana, plata, minerales, boj, bolsos, zapatillas, bonsáis, botero, caligrafía artística, cerámica, cerveza artesana, cestería, conservas artesanas de pescado, cuadros de arena, trabajos en cuero, cupkakes y postres de caserío, decoupage, embutidos, jamón, talla en piedra, fardelejos, forja, frutas deshidratadas, garrapiñadas, gorros, guarnicionero, hortalizas de caserío, jabón natural, libretero artesano, utensilios en madera de olivo y talla artística, malabares, marionetas, miniaturas de casa de muñeca, pastas, pastel vasco, patés de cerdo, caza y setas, pelota vasca, pinturas y grabados, quesos de diferentes tipos de leche, yogur artesano, semillas y flores, sobaos y quesadas cántabras, ungüentos y aceites, trabajos en vidrio, alimentación vegetariana e información sobre terapias con caballos.

Además talleres para los niños con tirolina, torno alfarero para hacer figuras, malabares, punto de lectura, poda de bonsáis, marionetas…

Los artesanos y participantes vienen de Navarra, La Rioja, Álava, Vizcaya, Guipúzcoa, Toledo, Zaragoza, Cantabria y Burgos.

Exposición “Mapas de Euskal Herria”

EuskalHerrikoMapak

XXVIII FERIA DE ARTESANÍA “CIUDAD DE VIANA”
 
Viernes, 20 de marzo.
19:30 h. Centro cultural Navarro Villoslada.
Charla a cargo de Joxe Mª Esparza Zabalegi

Del sábado, 21 al domingo 29 de marzo en la Casa de Cultura, abierta la exposición.
Lunes a viernes: de 18:00 a 20:00 h.
Sábados:      de 12:00 a 14:00 h.
y de 18:00 a 20:00 h.
Domingos:    de 12:00 a 14:00 h.   

Aritz INTXUSTA en “Naiz:”. 27/10/2011
La realidad tiene fama de ser tozuda. Muchos han sido los grupos de presión que venían minando desde hace tiempo la realidad cultural e histórica común de los vascos bajo la peregrina excusa de que no coincide con un mapa autonómico diseñado hace tres décadas. Según explica José Mari Esparza, desde el año 2000 arrecian los intentos de hacer desaparecer el concepto Euskal Herria hasta de los libros de texto. Esta campaña es la que le animó a iniciar un trabajo de recopilación de distintos mapas que plasman la unidad y los lazos entre las siete provincias.
Más allá de las mugas administrativas, Euskal Herria (que, como señala el autor, ha tenido muchos nombres) constituye una realidad cultural e histórica incuestionable, ya sea en un atlas a escala o a pie de calle. No resulta difícil cerrar los ojos e imaginar el contorno que dibujan los siete herrialdes. Sin embargo, recientemente el Tribunal Supremo de Nafarroa falló, para censurar unos libros de texto de las ikastolas, que Euskal Herria es una «entelequia» sin fundamento histórico.
Discursos parecidos, bajo el manido eslogan de «Euskal Herria no existe», se han escuchado en boca de José María Aznar o en su sucesor, Mariano Rajoy. Es un lema muy asimilado por la derecha españolista, que trata de argumentar que ese contorno que dibujan los siete territorios no es sino una invención de Sabino Arana. No obstante, resulta bastante difícil de creer que Arana estuviera conchabado con los monjes de Sain Sever que señalaron en el mapa la localización de «Wasconia» en el siglo XI y mucho menos con el geógrafo griego Estrabón, quien delimitó en sus escritos los territorios vascos hace dos mil años. A todas luces, es bastante disparatado atribuir al vizcaíno la capacidad de viajar en el tiempo.
José Mari Esparza, sin embargo, ve necesario zanjar absurdas polémicas y, para ello, ha acometido un importante trabajo de recolección de mapas por más de veinte archivos de Europa, que acompaña además de testimonios orales, como el de Estrabón, a los que Esparza considera como «cartografía oral». El resultado de esta labor, iniciada hace una década, ha tenido por fruto el libro «Mapas para una nación», que se acompaña de un DVD con 120 cartografías en alta resolución. « ¿Cómo es posible que, en el año 2000, después de siglos hablando del mismo concepto, ahora algunos nieguen la mayor?», se seguía preguntando Esparza ayer.
Algunos de los mapas son muy conocidos, como el editado por Louis Lucien Bonaparte en el año 1863, donde se recogían, además de las siete Provinces Basques, los dialectos y los subdialectos del euskara. El historiador Arturo Campión llegó a definir el trabajo del primo de Napoleón como un «monumento». De hecho, las instituciones navarras le concedieron tanta importancia al mapa, que estuvo enmarcado y protegido por un cristal en un lugar de honor, el vestíbulo del Archivo de Nafarroa, en el Palacio de la Diputación. Lamentablemente, desde hace algunos años ya no está a la vista, sin que haya trascendido el motivo.
Fundamentalmente, el libro se nutre de otros documentos, más desconocidos, que abordan distintas facetas del territorio y, también, perspectivas sorprendentes. Quizá, al lado sur de la muga se está más acostumbrado a ver cartografiadas las provincias vascas dentro de un espacio más amplio, en el que aparece el resto de la península e incluso el norte de Marruecos asomándose. Por eso, resulta extraño, un mapa que se corta a la altura de Barcelona (como si fuera más lógico que se nos aparezca Burdeos). Según señaló ayer en la presentación el prologuista del libro, el historiador Juan Madariaga, los mapas normalmente son «representaciones o reconstrucciones de una realidad con un componente ideológico».
Este sustrato ideológico puede provenir tanto del propio autor como de quien encarga un mapa (antes de que aparecieran los satélites, las cartografías eran realmente muy costosas de elaborar). Por eso, muchas veces los mapas acaban siendo «instrumentalizados» y tienden a eludir países «que no deberían existir». Pero la realidad es tozuda. Existen mapas firmados por flamencos y elaborados por etnógrafos poco sospechosos de tener intereses ocultos en hacer desaparecer el país de los vascos donde se marca con un color diferente a Euskal Herria.
El mérito del libro está, entre otras cosas, en haber descubierto mapas como esos, que tienen la legitimidad objetiva de ser «ajenos al nacionalismo y, en la mayoría de las ocasiones, anteriores al mismo». Normalmente, según explicó Madariaga, las principales instituciones que han tenido interés en elaborar mapas sobre Euskal Herria han sido los Estados. Como ejemplo curioso, Esparza destacó un mapa elaborado por Francia, prácticamente 200 años después de que Nafarroa fuera conquistada por las tropas del Duque de Alba. El geógrafo oficial de París, Nicolás de Fer, cartografió todo el Pirineo y señaló a Nafarroa Garaia con la inscripción «Usurpée par les Espagnols». Muchos de los mapas que aparecen en el libro fueron encargos del Ejército español, que tuvo un particular interés en los territorios vascos, sobre todo, a raíz de las guerras que asolaron el Estado a lo largo del siglo XIX. Por destacar alguno de ellos, el libro recoge un «Mapa de las provincias vascongadas y Navarra» encargado por el Rey Alfonso XII en el último tercio del XIX, donde aparecen coloreados e indicados todos los hechos de armas de la entonces reciente Segunda Guerra Carlista.
Según explicó Esparza, es común en la abundante cartografía militar representar a las cuatro provincias de Hegoalde todas juntas, ya que éste es un territorio «fronterizo y conflictivo». De hecho, no sería hasta bien entrado el franquismo cuando los cartógrafos españoles empezaron a separar a Nafarroa de Araba, Gipuzkoa y Bizkaia. La motivación política se intuye, ya que la hermandad entre las distintas administraciones entronca con un pasado y una lengua común. El mapa de Euskal Herria, que el libro juzga como «maltratado» a lo largo de la historia, ha tenido muchas variantes. Pero estas diferencias han tenido más que ver con la denominación que con los límites del mismo. Cervantes, por ejemplo, denominó a todo Hego Euskal Herria como «Vizcaya», otros lo dividirán en dos Bizkaia y Nafarroa.
Muy curioso, a la par que clarificador, es el mapa de Jorge Torres Villegas, en el que se divide en tres partes el Estado español. El más amplio es la «España uniforme o Constitucional» que aúna las Castillas con Andalucía y las provincias del Norte, incluida Galicia. A lo largo de su flanco este aparece la «España incorporada o asimilada», que recoge a Catalunya, la Comunitat Valenciana y las Balears. La tercera división es la «España Foral», que incluye a las cuatro provincias. Quizá menos impactantes, pero no menos relevantes, son los testimonios escritos que reconocen la existencias de los nexos entre vascos. Así, «Mapas de una nación» elige textos de toda índole que sirven para delimitar el contorno de Euskal Herria. Aparecen las palabras de un militar prusiano que combatió durante la Segunda Guerra Carlista y habla de las aduanas, pero también qué es lo que entienden las enciclopedias, como la Espasa-Calpe, bajo la denominación Euskal Herria: «Territorio que comprende las provincias españolas de Navarra, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya y los antiguos países de Labourd, la Soule y Baja Navarra». Más osada aún es la definición de la Larousse, que apunta que «durante la antigüedad Navarra constituía una parte indiferenciada del territorio de los vascones, lo que más tarde se denominaría Euskal Herria». O sea, que Euskal Herria existe.